“Lo más importante es saber mantener tu hueco”
Irene G. V. es una mujer venezolana de 36 años que reside actualmente en España, concretamente en Bilbao. Tiene una hija y marido con los que vive y sus padres aun residen en Venezuela. Trabaja como profesora particular dando clases de inglés y euskera a adolescentes que cursan la ESO o Bachillerato. Y le gusta lo que hace aunque no sea un trabajo fijo, lo cual le costará encontrar.
¿Cuál es la situación en Venezuela?
En Venezuela se vive en extremo, es decir, hay gente muy pobre y gente muy rica. Y hay gente que vive bien y gente que vive mal. El gobierno que hay desde hace siete años ganó por elecciones, casualmente los votos de la gente que votó en contra de él se convirtieron en votos favorables y ganó. El que está a favor del gobierno, y además tiene dinero, está en muy buenas condiciones pero el que está en contra lo lleva mal, muy mal. Por ejemplo, cuando hubo elecciones un ministro adquirió los nombres de las personas que votaron en contra y los puso en una lista, llamémosla “negra”. Todos los apuntados en esa lista cuando iban en busca de trabajo o al banco a pedir un préstamo o un crédito, no se les cogía o no se les concedía. Los ministros negaban que hubiera tal lista negra pero a base de esfuerzos de los habitantes consiguieron sacarla a la luz. Pero la capacidad de convicción del gobernador es tal que hasta los más pobres todavía están a su favor, les embruja con sus miles de promesas que después no cumplirá.
Los barrios de Venezuela son muy peligrosos: hay muchos secuestros, peleas entre bandas, robos,… Falta seguridad, sobre todo jurídica y social. Da miedo salir por la noche, aunque quieras ir a divertirte.
¿Esta situación fue la que os hizo decidir venir a España?
Prácticamente si. Allí teníamos una vida que no estaba mal pero el ambiente era muy hostil y no me gustaba la idea de que mi hija creciera en él. Como ya he dicho no se vive seguro.
Teníamos conocidos que habían estado en España y comentaban que se vivía mucho más seguros que en Venezuela, que había muy buenas condiciones para vivir.
El primero que vino a España de los dos fue mi marido, yo le dije que dejaríamos lo que teníamos en Venezuela si encontraba aquí un buen trabajo y una vivienda. Fue consiguiendo los medios, así que cogí a mi hija y nos vinimos las dos para España.
Hay mucha gente venezolana que emigra a Estados Unidos pero allí sólo les dan un visado de seis meses, lo cual no te da para nada, además si luego tienes hijos allí ellos tienen la nacionalidad pero tú no. Allí es más difícil, mucho más.
¿Tenían los papeles en regla?
Mi marido no tuvo ningún problema en venir a España ya que disfruta de las dos nacionalidades: la española y la venezolana. Yo tampoco tuve mucho problema con eso porque al ser mis padres italianos yo tengo la nacionalidad europea, lo que siempre facilita las cosas. Además al hablar el mismo idioma siempre ayuda más que si hablas otro diferente, supongo que en ese caso la gente se siente más sola. Me alegro de haber tenido esa suerte en este tema porque se que hay gente que lo está pasando realmente mal y ahora que es cuando necesitan ayuda, nadie es capaz de dársela. Es algo egoísta por mi parte pero me alegro de ello. Pero aparte de este problema está la gente y está también lo que piensan. Las personas creen que venimos de otros países a quitarles el trabajo o a beneficiarte de todo lo que puedas y, aunque no todo el mundo es igual, por una parte, es una actitud comprensible porque de los problemas de tu país no te vas a culpar a ti mismo, así que culpas a los demás.
Sus padres son italianos y su marido gallego ¿qué les hizo decidir ir a vivir a Venezuela?
La situación en Europa en su época era muy difícil a raíz de la posguerra. No había oportunidades de mejora en ningún lugar de Europa y otros países como Venezuela se convirtieron en sitios de inmigración. Al fin y al cabo todos iban en busca de una vida mucho mejor de la que tenían. Además, en el caso de mis padres, también emigró la mayoría de la familia que tenían en Italia.
Todavía residen en Venezuela ¿por qué no se vinieron con usted a España?
Pues porque es allí donde tienen toda su vida montada. Mi padre tiene su negocio propio, tienen su casa, tienen a todos sus familiares más cercanos allá y de momento no piensan en cambiar de modo de vida. Aunque alguna vez si se han planteado el venir, pero más adelante.
¿Ha sido cómoda su estancia en España desde el primer momento o, por el contrario, ha tenido problemas?
Ambas cosas. Los primeros momentos fueron muy difíciles. Te sientes desubicada porque no conoces nada y por las opiniones de la gente. Empiezas a sentir una nostalgia tremenda por todo lo que tenías en tu país y por tu familia y tus amigos. Aquí estás sola, completamente sola no porque estaba con mi marido y mi hija que me daban mucho apoyo pero, aún así, sola.
Con la niña también fue complicado, la llevaba a muchos colegios y en todos me decían que estaban saturados y que no podía ser pero nadie me explicaba nada. No me explicaban por qué no podía meter a mi hija en el modelo de castellano. Al final la aceptaron en un colegio pero tuvo que ser en un curso inferior al que ella estaba, y lo denuncié. Aunque no me hicieron mucho caso.
A mi marido no querían darle la Seguridad Social y le dijeron: “No te la vamos a dar, ¿para qué? Si tu lo único a lo que has venido es a ganar dinero”. ¡Pero si mi marido tenía todo en regla!
Pero por otra parte, ha sido cómoda porque también nos hemos encontrado con muy buena gente que me han ayudado a conseguir trabajo y a lograr la vivienda. Gente que ya puedes considerar amigos porque se han portado como tales. Y lo agradeces.
También al principio cuesta acostumbrarse al estilo de vida, que es diferente.
¿Es muy diferente comparado con el de Venezuela? ¿Conserva costumbres que sean diferentes a las españolas?
Pues en el estilo de vida que llevábamos, de pequeños cuando vivíamos allí, algunos modos de comportamiento parecían leyes y, en cambio, llegas aquí y no es normal y esto te descoloca.
Sin embargo, en cuanto a país y cultura tampoco son muy diferentes. No me costó adaptarme porque mis padres son italianos y las costumbres que teníamos en casa eran muchas europeas. Aunque no todo es igual. Siempre que se llega de un sitio diferente hay que adaptarse y adquirir costumbres que no se tienen. Yo he adoptado las costumbres que me han parecido correctas pero también me guardo las mías. Por ejemplo en navidad comemos pavo y hacemos una receta que es típica de mi país. Y en vez de Reyes tenemos al niño Jesús y a San Nicolás. Yo también he querido que mi hija siga la costumbre de pedirme la bendición cada vez que sale de casa o cada vez que se va a acostar. Estas cosas las guardo. Es una mezcla de costumbres.
Estudió la carrera de Magisterio en una universidad de Venezuela y obtuvo el título ¿ha tenido que convalidarlo aquí? ¿Qué ha tenido que hacer?
Lo primero que tuve que hacer fue gastar un montón de dinero para todo el papeleo, porque al principio no tenía ningún papel aquí que certificara que yo tenía la carrera hecha. Tuve que ir a quince Ministerios.
En 2002 conseguí llevar a Bilbao todos los papeles necesarios para que los revisaran y me dijeran si valían. En septiembre de 2005 me dijeron que no valían, que tenía que convalidarlo porque había materias diferentes. Son cuatro materias que puedo convalidar sin necesidad de asistir a clases sólo haciendo trabajos, lo cual me anima ya que estoy trabajando por las mañanas y por las tardes y no hubiera tenido tiempo. También he retomado el inglés y tenido que aprender euskera.
Así que ha tenido que sacarse el EGA.
Si. Pero no fui el primer año porque para cuando me enteré de donde podía hacerlo, qué tenía que presentar y todo lo demás, ya había pasado septiembre, que es el mes en el que hay que apuntarse. Pero después me recomendaron que fuera a un euskaltegi, en vez de a la escuela de idiomas, y al final ha resultado una buena opción porque además puedo permitirme un buen horario que se compagina muy bien con el de mi trabajo.
¿Y le está resultando difícil sacarlo? Es un idioma muy diferente y quizás no había oído ni hablar de él.
La verdad es que si que había oído hablar de el euskera porque en Venezuela había mucho inmigrante también del País Vasco. Incluso en Caracas hay un centro vasco de cultura donde se practican los deportes y las danzas típicas de aquí. Pero tampoco teníamos mucho contacto. Había gente, por ejemplo, que para despedirse decía “agur”, algunos niños llamaban a sus abuelos “aitites” y cosas parecidas pero no mucho contacto.
Al comienzo si me pareció difícil, como con cualquier idioma desconocido, y además por su estructura que es diferente al castellano. Pero tengo una muy buena profesora que me ha ayudado mucho y además tengo facilidad para los idiomas, se me dan bien.
¿Le resultó complicado encontrar trabajo?
En cuanto vine me apunté al INEM y a Inguralde. La verdad es que todavía, trabajo fijo no tengo y creo que será muy complicado conseguirlo, porque además en lo que yo hago hay mucha demanda de empleo. La mayoría de la gente cree que por ser inmigrante vas a aceptar cualquier empleo, que te vas a poner a fregar portales o limpiar casas de familias, que son trabajos tan dignos como cualquiera. Pero yo tengo la carrera de magisterio hecha y quiero trabajar en lo mío. Lo que he encontrado, y que es donde estoy trabajando actualmente, es dar clases particulares de euskera e inglés a niños que estudian en la ESO o el Bachillerato y estoy muy contenta con lo que hago a pesar de que no sea un trabajo fijo, que al fin y al cabo es lo que todos queremos.
¿Y encontrar vivienda?
Cuando yo vine ya había un trabajo estable, el de mi marido. Además la condición que yo le puse para venir era que ya tenía que tener la casa.
Los primeros dos años fueron difíciles porque el sueldo casi no nos llegaba para el alquiler. Nos habíamos apuntado a Etxebide pero para cuando nos encontraron una casa mi marido ya había encontrado un nuevo empleo y habíamos alquilado otra casa que no era muy lujosa pero que se adaptaba a nuestras necesidades. Me alegro de no haber aceptado la casa que nos habían encontrado en Etxebide porque si nos llegamos a meter en una hipoteca…
¿Se siente a gusto viviendo en España o ha pensado en volver de nuevo a Venezuela?
Voy siempre en vacaciones de verano. Aquí estoy bastante a gusto pero, como ya te he dicho, a veces tienes nostalgia por lo que dejaste allá. Aunque también pienso que hicimos bien viniendo, por la niña, no quería que se criara en un ambiente así, tan malo.
Antes emigraba mucha gente a Venezuela y el país y las personas tenían que adaptarse. En España va a seguir viniendo mucha gente, dentro de unos años pasará lo mismo. Pero siempre lo he dicho, lo importante es saber mantener tu hueco.
Laura Ibarra
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